domingo, 7 de julio de 2013
Así en la plenitud de lo que era él.
No podía hacer nada más que observarle en plena oscuridad, con la luz que me regalaba la noche de verano entrando por mi ventana, que apenas hacía visible su silueta. Y le observaba ahí yaciendo sobre su espalda, y mis manos dibujando círculos en su pecho. Yo le amaba, realmente le amaba. Y casa parte de mí le permanecía, mis manos, mis labios, mis ojos, cada parte de lo que yo era y podía entregarle. No había nada en él que quisiera cambiarle. No restaría ni un solo pelo a su cabeza, ni añadiría un centímetro a su estatura. Me daba igual lo que sentía, o si me mentía, ya era tarde, ya le amaba yo con locura.
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